Crónica de una separación no esperada

Por Damián Ferrer / La Esquina Neutral

Todo empezó en las olimpiadas de 2012, el boricua Félix Verdejo dejó un buen sabor en la boca de muchos seguidores del boxeo y promotores. Tan es así, que recuerdo un “Twit” de Óscar De La Hoya, afirmando lo buen peleador que era Verdejo. En ese entonces le empezaron a caer ofertas de grandes promotores al boricua, incluyendo a De La Hoya con “Golden Boy Promotions”.


Pero la mejor oferta se la hizó Bob Arum y su empresa Top Rank. Este le dió el contrato más jugoso en la historia para un boricua, dándole $300,000 de bono por firmar y una bolsa muy razonable por sus peleas estipuladas (regularmente llegan a un acuerdo de cual será el mínimo de su bolsa en las peleas de 4, 6, 8, 10, de título regional y título mundial).

Todo iba miel sobre hojuelas, desde la imagen de Verdejo ante la prensa junto a su sonrisa encantadora. Hasta que enfrentó al invicto brasileño William Silva (23-0, 14 KOs), un peleador con un récord lindo, pero inflado (tan es así, que desde su derrota ante Verdejo en febrero de 2016, no ha vuelto a pelear).


No precisamente por haber perdido o ser una pelea controversial, si no porque se le vió sin pasión y muy conforme con ganar los asaltos con lo necesario. Eso no le dejó una buena impresión a muchos analistas, seguidores y hasta su entrenador, Ricky Márquez, no estuvo muy contento con la actuación de su pupilo.

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