Hace 40 años Magic jugó todas las posiciones

Por Marca.com

Resulta difícil decir cuándo una leyenda se convierte en tal. Suelen ser una sucesión de hechos los que encumbran a un jugador, pero en el caso de Magic Johnson hay unanimidad en que el momento sucedió tal día como hoy hace 40 años. El 16 de mayo de 1980, el mítico base de los Lakers jugó en todas las posiciones, incluida la de pívot ante la ausencia del lesionado Kareem Abdul-Jabbar, para liderar a los angelinos en el sexto partido de la final frente a los Sixers y obtener su primer anillo de campeón de la NBA.



Luego llegaron otros cuatro.Magic, que por entonces contaba con 20 años, firmó la mejor actuación que se le recuerda a un rookie en la historia de la NBA: 42 puntos, 15 rebotes y siete asistencias. Por encima de las cifras, una capacidad asombrosa de manejar el partido desde cualquiera de las cinco posiciones. Finalizó la serie con promedios de 21,5 puntos, 11,2 rebotes y 8,7 asistencias, siendo nombrado MVP, por supuesto. El joven base de la sonrisa permanente era ya leyenda. Y le quedaba toda una carrera por delante.


Los Lakers se presentaron a aquel sexto partido por delante en la final (3-2), pero los augurios no eran los mejores. Visitaban el caliente Spectrum de Filadelfia, con los Sixers de Julius Erving dispuestos a igualar la eliminatoria. Los angelinos, además, acudían sin su gran referente. Jabbar se había hecho un fuerte esguince de tobillo en el quinto partido. Pese a todo había vuelto a jugar y acabó con 40 puntos, 15 rebotes y cuatro tapones. En el último cuarto, ya lesionado y con la articulación hinchadísima, hizo 14 puntos y seis rebotes, incluido un 2+1 definitivo para dar el triunfo a los Lakers por 108-103.


El mítico pívot había promediado 33,4 puntos, 13,6 rebotes y 4,6 tapones a lo largo de la final. Había resultado imparable para sus defensores. Pero no iba a estar disponible en el sexto encuentro. A los Lakers les tocaba reinventarse. Fue entonces cuando el entrenador Paul Westhead le dijo a Magic que había pensado que jugara de pívot. “Me encanta la idea”, dijo.

Los angelinos iban por delante aunque la moral estaba baja. La de todos, menos la de Magic. Por juventud, por inconscencia o por creer ciegamente en sus posibilidades, no perdía el buen humor ante un partido dramático. Cuentan que entró canturreando en el avión que iba a llevar al equipo a Filadelfia, que gritó “Nada de miedo, Magic Johnson está aquí” y que, tratando de ir mimetizándose, se sentó en el asiento que solía utilizar Jabbar.



Al día siguiente, Magic hizo lo que quiso jugando como base, escolta, alero, ala-pívot y pívot. Se metió el partido en el bolsillo y posteriormente el título. Su recital, sin embargo, no sirvió para que despegar a los Sixers, que a falta de cinco minutos iban sólo dos abajo: 101-103. Entonces emergió la magia, liderando con 11 puntos un parcial de 6-20 que coronó a los Lakers y convirtió al joven de la eterna sonrisa en leyenda instantánea.